viernes, septiembre 18, 2020

Los piratas supieron revertir la temprana desventaja ante Barnechea y mantuvieron la categoría, la cual en un momento determinado estuvo a 7 puntos de distancia.

Era el partido del año y no defraudó. Quizás para los aurinegros, era el partido de la década, o el más importante de los últimos 10 años. Desde el 2005 que no se autorizaba un aforo total del Fco. Sánchez Rumoroso. Esa vez fue más que especial, pues se peleaba el campeonato de Clausura ante la Unión Española campeona del entonces capitán, José Luis Sierra. Coincidencia o no, el portero que dio la vuelta en aquél partido con los hispanos, fue Jaime Bravo, hoy suplente en la banca pirata. Desde allí arengaba e instruía a su compañero, Guillermo Orellana. Cuando más necesitó sus consejos fue en el minuto 3, momento donde Renato Ramos pateó el penal que abrió el marcador. Un 1 a 0 que ponía la tensión en el bimundialista porteño.

Pero los coquimbanos tenían un arma letal en su mejor momento. Apenas se reanudó el juego, un balonazo largo por izquierda encontró a Renato Tarifeño, quien eludió a dos rivales y definió cruzado, decretando el empate a los 4’. Algarabía total y una confirmación de que la joya aurinegra, formada en el club, se erigía como el goleador del equipo con 9 tantos.

Coquimbo Unido siguió bregando por encontrar el triunfo, pero Barnechea no le prestaba el balón. Aunque dominaba la posesión, los piratas cada vez que tuvieron la pelota en sus pies generaban peligro. Así lo demostró uno de los mejores jugadores de la Segunda Rueda. Joe Abrigo se fabricó un foul a los 26 minutos, que él mismo remató, y como si la pusiera con la mano, la mandó al ángulo de Jorge Manduca, desatando el carnaval en el Coloso de El Llano.

Otro que elevó de manera considerable su nivel en esta parte del torneo fue Ángel Rojas. Un carrerón suyo por derecha y un centro que dejó solo a Leonardo Monje, pusieron el 3 a 1 en el marcador, ya que el capitán porteño no falló. “La Pulga Atómica” solo tuvo que empujar hacia adentro el balón, y a los 37’ otorgaba mucha más tranquilidad a la noble y fiel hinchada coquimbana. Así se fueron al descanso.

Volviendo al gramado, los guaicocheros sin ideas sucumbieron ante la pegada del joven Abrigo. A los 54’, tras un pivoteo de Monje, solo tuvo que colocarla de zurda en el palo derecho de Manduca para sentenciar el compromiso, y de paso, decretar el 4 a 1 que aseguraba la permanencia de Coquimbo en la división. Aunque a los 79’ el jugador de Barnechea, Francisco Levipán, puso el definitivo 4-2 con que culminó el encuentro, tras 6 minutos de adición.

Llanto en los capitalinos y celebración en los porteños por el objetivo cumplido. Magras campañas de ambas escuadras en el campeonato global, pero una nueva esperanza en los aurinegros tras una gran segunda parte de torneo. Una campaña que en la tienda pirata esperan no vivir nunca más, ya que la “pesadilla”, como ellos mismos la catalogaron, debe quedar solo en un mal recuerdo de resultados, pero con una tremenda lección de unión, como fue la vivida en todo el mundo aurinegro. Hinchada, cuerpo técnico, plantel y dirigentes, todos juntos remando hacia el mismo lado, demostraron que trabajando en conjunto los logros se demoran menos en llegar. Les faltó campeonato para meterse en postemporada, por lo que las lecciones debiesen aprenderse para evitar pasar por lo mismo. Por la otra vereda, Barnechea se despidió de la Primera B, puesto que con la derrota se ratificó su descenso a la Segunda División Profesional del fútbol chileno.

Foto gentileza de coquimbounido.cl