sábado, septiembre 19, 2020

La opinión del hincha aurinegro, por Víctor Rojas Ayala (@vichorojas).

Hace unas temporadas, cuando Juan Grabowski aún era el portador de la jineta aurinegra, mandé a confeccionar a Santiago una cinta que representara el sentir de todos los coquimbanos en el brazalete para quien tuviera la responsabilidad de llevarlo en el brazo. Un detalle mínimo, pero que tenía un significado especial, ya que dentro de mi calidad de hincha me podía dar ese lujo (todavía era estudiante, por eso no tenía la malentendida «presión» de ser imparcial).

Aquella vez se la entregué personalmente y le dije: «me la devuelves cuando ascendamos». Evidentemente, hasta el día de hoy nunca llegó ese instante. Claro que fue cábala, ya que en ese mismo partido, en el Sánchez Rumoroso y ante San Felipe, el argentino hizo 2 goles. Coincidencia o no, sentí que aportaba con algo. Grabowski se fue y con ello esa jineta.

Quien la confeccionó es Luis Castro, un artesano del fútbol, dueño de Estampados Lamark, misma empresa que se encarga de estampar los zapatos de futbolistas de renombre, como también de hacer estas lindas obras de arte a quien se las encargue. Como ejemplo, Claudio Bravo y todas las series menores de la selección chilena llevan estas cintas. Es más, Arturo Sanhueza levantó la copa del ascenso, en Temuco, con una de ellas.

¿Por qué razón hago este contexto? Pues, porque tras el pitazo final del pasado domingo, y luego de correr más que los mismos coquimbanos en la cancha para entrevistar a los que más pudiera post partido, pude respirar aliviado. Por más «objetivo» que intente ser en mi profesión, siempre el corazón va a latir distinto cuando eres fanático de un club. Lo que pasa es que algunos lo «camuflan» mejor que otros.

A lo que voy es que, después de hacer la pega radial, me encuentro en la mitad del campo de juego con Leonardo Monje, capitán del elenco pirata y portador de una de estas lindas cintas. Yo ya no estaba al aire, y él ya se iba del campo de juego junto a sus dos «mini-fotocopias» (hijos). Nos dimos un abrazo en plena cancha, y me dice «Vicho, por fin podemos respirar tranquilos». No atiné a decirle nada más que se lo merecía, más que muchos, pues vi in situ cómo lo sufrió y cómo intentó siempre dar más de lo que podía, con tal de elevar el nivel y tirar el barco hacia un puerto seguro.

Es una infidencia, pero debo decir que se cuidó muchísimo más que en aquellos tiempos cuando era un joven lleno de entusiasmo por este deporte. Por decir lo menos: alimentación sana, descanso y horas de sueño óptimas para sacar su mejor versión, a pesar de tener contratiempos. Rebeldes lesiones que no mermaron sus ganas de lograr el objetivo, terminaron por ser un mero recuerdo cuando marcó el tranquilizador 3 a 1 ante Barnechea.

Con un diseño que personalmente me encantó, con los nombres de su esposa y 3 hijos, la bandera chilena y un escrito lleno de sentimiento, «La Pulga Atómica» demostró que no solo es un capitán quien lleva la jineta (de éstas tiene 3), sino que es un líder positivo el que a punta de esfuerzo deja su nombre bien en alto, sin tener aquella intención. El brazalete que utilizó en el último cotejo del torneo, resume lo impregnado que quedó Monje con el elenco aurinegro. No es ni necesario decir que se nota lo encariñado que está con el club, pero sí tienen que saber que la arenga del capitán estuvo siempre en cada partido: «AL HUESO PIRATA. FUERZA Y CORAJE. POR LA GENTE AURINEGRA, POR NOSOTROS, NUESTRAS FAMILIAS, CON GARRA Y LA SANGRE COQUIMBANA».

Soy un privilegiado. Gracias, Leo. ¡La cuidaré como oro!