sábado, septiembre 19, 2020

La opinión del hincha albiverde con respecto a la campaña de abonados, por Miguel Hernández (@MHacheS).

Después del merecido ascenso de Deportes Temuco al futbol grande de Chile, los hinchas (me incluyo) esperábamos con ansias que se abriera la campaña de abonados, para estar ahí -como hemos estado siempre- y  aportar a que el estadio se siguiera viendo igual de hermoso como en la temporada pasada.

Sin embargo, en un movimiento estratégico aún incomprensible, la dirigencia del club, dirigida por Marcelo Salas, decidió golpear fuertemente el bolsillo de sus hinchas, elevando el valor de los abonos en más del doble del precio del año pasado.

Es lógico y totalmente entendible que al subir de categoría, el valor de éstos debía incrementarse, ya que la calidad del espectáculo -en teoría- será superior. Sin embargo, estamos hablando de alzas que bordean el 250% respecto a la última temporada. Fue una jugada que hasta acá ha resultado contraproducente, más si consideramos que vivimos en la región más pobre del país.

Esta campaña de abonados carece de incentivos económicos. La diferencia con el valor de la entrada normal es mínima, no hay fórmulas de descuento para abonos por familia o grupos de amigos y lo que es peor, no hace competencia al enemigo más grande de los estadios llenos: el Canal del Fútbol.

Uno supone que quien construye este tipo de campañas, entiende que el abonado es un hincha que adquiere una calidad distinta a aquel que va solo a algunos partidos. Es aquel que entrega su plena confianza en la campaña completa del equipo, antes incluso que se termine de armar el plantel, y por ende, merece ser tratado de forma distinta.

En años anteriores, abonarse significaba un ahorro significativo en el costo de las entradas y el incentivo funcionaba. Sin embargo, en un torneo que ahora la programación la fija el CDF, es prácticamente imposible asegurar que el abonado vaya a poder asistir a todos los partidos, ya que se puede jugar desde el viernes en la tarde hasta un día lunes con luz artificial. Basta perderse dos encuentros para que el gasto incurrido al abonarse ya no sea conveniente.

Por otra parte, en redes sociales, programas radiales e incluso el diario de la región, ha sido noticia el malestar de la hinchada ante una campaña tan alejada de la realidad de los hinchas y del momento del futbol nacional en general. Sin embargo, a través de su gerente Francisco Ojeda, el club ha declarado no haber recibido reclamo alguno respecto a los precios.

Esto refleja el escaso nivel de compenetración de las cabezas del club con su gente, su hinchada. Aquellos que les hicieron inflar el pecho a finales de la temporada pasada, cada vez que el periodismo de Santiago les alababa lo lindo que se veía el estadio lleno.

Para una institución que ha sido catalogada como un ejemplo de gestión deportiva, es incomprensible que su mayor capital, su gente, sea nada más que un mero consumidor. La planilla del equipo se pagará sola con las platas del CDF, los auspiciadores pagarán más, ahora que su marca se verá en cada partido. ¡Pero no le peguen a la gente! A esos que levantaron al equipo cuando fuimos perdiendo, aquellos que llegaron a apoyar a Calama, a San Felipe, a todas partes. No les peguen en el bolsillo.

Cada estadio lleno en la temporada pasada significó cerca de 50 millones en ingresos, y con precios de la B. ¿No quiere acaso la dirigencia poder optar a tener 100 millones mensuales por concepto de venta de entradas? ¿No quieren ser reconocidos como el equipo que llena su estadio con su gente y no con hinchas de afuera? ¿No quieren terminar de ponerse a la buena con aquellos que no se olvidan que nos quisieron hacer desaparecer de la ANFP algunos años atrás?

Es de esperar que haya una reacción por parte del club ante esta situación. De lo contrario, la gran mayoría de los hinchas (otra vez me incluyo) tendremos que ver a nuestro equipo por TV y no porque queramos, sino porque con estos precios, sencillamente no podemos entrar a nuestro estadio.

 

Foto: Juan González / Agencia UNO