sábado, septiembre 19, 2020

La opinión del hincha azulgrana, por Jano Nahuel (@janonahuel).

No era fácil ser un pequeño hincha iberiano en mi niñez. Bueno nunca ha sido fácil ser hincha azulgrana.

Hablo de mediados de los años 80’. Yo vivía en una ciudad lejana a Los Ángeles y gracias a la pasión de mi padre viajábamos cada vez que el bolsillo lo permitía para alentar a nuestro equipo querido. También lo seguíamos por las ciudades cercanas a nuestro hogar, Linares, Curicó y Talca fueron escenarios donde pude disfrutar sentado en la galería de los colores amados. Ni pensar verlo en la televisión.

Si por aquellos años era difícil conseguir camisetas de los equipos grandes capitalinos, imagínense tener la azulgrana de Iberia ¡imposible! Me conformaba con una polera que tenia los colores, pero el diseño no se acercaba en lo más mínimo. Para mí, esa era la camiseta de Iberia. Y los amigos del barrio y los compañeros del colegio caían fáciles, pues no conocían la vestimenta del cuadro angelino, habían escuchado hablar de Iberia por la “polla gol” o lo que yo les contaba solamente.

A lo ídolos de muchos como el Cóndor Rojas, Fernando Astengo, Hugo Rubio o Mariano Puyol, yo debía explicar todo el tiempo porque era que vibraba con Ricardo Cepeda, Julián Zambra, Luís Moya y el gran Manuel Pedreros.

En la infancia la identidad futbolística se construye con los referentes que visten los colores del club amado. Quien siendo niño antes de empezar a jugar una pichanga en la calle no grito ¡Yo soy Zamorano! Peleándose con otros por ser nombrado como pichichi con el rodar de la pelota. Los azulgrana de aquellos años luchábamos por ser Benjamín “La Chanchita Voladora” Muñoz, el gran ídolo, el referente Iberiano, el hombre que nos motivaba a ser azulgranas. Qué tiempos aquellos.

Han transcurrido los años en nuestra institución y el paso por la tercera división nos privó de renovar los referentes azulgranas. No es que no tuviésemos grandes jugadores ni mucho menos, solo que el tipo de torneo que jugábamos no permitía que alguien permaneciera más de un par de años en el club. Muchos llegaron siendo muy jóvenes y antes de alcanzar madurez o crecer futbolísticamente hablando, debían emigrar por cumplir la edad permitida en campeonato.

Sin embargo luego del receso que nos vimos forzados a tomar, comenzaron a aparecer hombres  identificados con la institución, la gente los comenzó a reconocer, a valorar y porque no, comenzó a encariñarse con ellos poco a poco por su labor, el profesionalismo que le entregaban a tanto amateurismo propio de la división y por la entrega encomiable entre tanta precariedad. Eran los llamados a transformarse en nuevos ídolos, en referentes y a hacer historia en este club, la gente lo anhelaba, lo exigía para las nuevas generaciones.

Que duda cabe, ustedes saben que hablo de nuestro Capitán José “Galgo” Salcedo, de Fabián Torres, Emerson Ayala, Eduardo Navea y de los emigrados hoy Franco Cabrera y Álvaro Torres. Jugadores que nos acompañan y acompañaron en aquellas frustraciones por conseguir el acenso a la Primera B, los que se rasparon por completo jugando en aquellas canchas terribles donde la pelota no corría por las champas de pasto, la tierra y el barro.  Lloraron cuando estuvimos a medio punto de subir y nos caímos, y que nos devolvieron la gloria haciendo posible el sueño de gritar campeón después de 22 años de agonía.

Dos de ellos partieron a otros clubes y nada se hizo por retenerlos, un par de “muchas gracias” por lo entregado con la excusa de tener nuevos aires y nada más. Sin embargo al hincha iberiano le dolió más de los que se imaginaron, mucho más de lo que quisieron creer.

¡Cuánto me va costar ver jugar a Didi con otra camiseta!, y como no amigos míos, si es el jugador “Histórico”, es el crack que nos llevó a la cúspide, el hombre humilde y comprometido que nos enseñó a soñar, que combatió contra la indiferencia de muchos con un solo lema, trabajando, solo trabajando duro.

Franco y Álvaro se ganaron un lugar especial en el corazón de la hinchada. Hombres afables, cercanos a la gente y siempre dispuesto, luchadores  de la vida que entregaron mucho más de lo que se les pedía como jugadores. Grande personas que dieron alegrías al fútbol angelino y experiencia a las nuevas generaciones. Sin duda, dos de los más grandes que han pasado por Iberia.

Los hinchas azulgranas son agradecidos, tienen memoria y guardan en sus almas futboleras cada uno de los momentos vividos con estos jugadores. Los vamos a extrañar y haremos lo imposible por resguardar y agradecer a los que se quedaron. Las retribuciones no solo se dan cuando las personas se han marchado, sino se entregan constantemente, con aliento y con cariño.

A diferencia de los años 80’s, es bastante fácil conseguir una camiseta, podemos comprar indumentaria del club amado en varias tiendas. Pero debemos seguir explicando a nuestros hijos, sobrinos y nietos por que se marchan los referentes, por que el fútbol no conoce de justicias y  el domingo en la cancha ya no estarán sus ídolos. Como dijo un grande “acepten la injusticia que todo se equilibra al final”.

Aguante Iberia, ya estamos devuelta…se extrañan los colores.

Foto: www.cdiberia.cl