Sin duda, este es uno de los duelos más reñidos del fútbol chileno, especialmente en Calama. Este jueves habrá la posibilidad de revivir parte de esos épicos encuentros, donde el cuadro albo tuvo una pesada mochila: no ganaba en Calama hasta el 2002, año en que se quebró la racha.

Por Copa Chile, Cobreloa y Colo-Colo buscarán un cupo a semifinales del torneo, donde el ganador tendrá cupo directo a Copa Libertadores. En ese contexto, vale la pena recordar uno de los partidos más recordados entre ellos, cuyo desenlace también marcó uno de los capítulos más oscuros del fútbol sudamericano.

Era un miércoles 29 de marzo de 1989. Cobreloa estaba clasificado al ocupar el primer lugar del grupo, mientras que los albos necesitaban al menos empatar para tener opciones (clasificaba hasta el tercero a la segunda fase). Eso sí, dependían de lo que sucediera con los paraguayos de Sol de América y Olimpia.

Los «zorros del desierto» salieron a la cancha con Mario Osbén; Hugo Tabilo, Claudio Tello, Eduardo Gómez, Héctor Puebla; Armando Alarcón, Jorge García, Marcelo Trobbiani, Juan Covarrubias; Jorge Muñoz y Raúl Espíndola. El director técnico era Miguel Hermosilla.

Colo-Colo, dirigido por Arturo Salah, ya tenía predefinida la base del equipo que ganó la Libertadores dos años después. Ese día formaron con Daniel Morón; Rubén Espinoza, Hugo González, Lizardo Garrido, Eduardo Vilches; Jaime Pizarro, Juan Soto, Raúl Ormeño, Marcelo Barticciotto; Sergio Salgado y Ricardo Dabrowski.

La apertura del marcador corrió por cuenta de Trobbiani con un verdadero golazo: la paró de pecho a la entrada del área y metió una volea casi al ángulo, inalcanzable para Morón. A los 21 minutos, Cobreloa se ponía en ventaja y mantuvo ese handicap hasta el término del primer tiempo.

Sin embargo, ya en el complemento, vino una gran jugada de Guillermo Carreño (reemplazó a Dabrowski), quien  habilitó al «Negro» Salgado y este último puso el 1-1 a los 47′. Se volvía a abrir una esperanza para los albos.

Lo que nadie esperaba era que Colo-Colo se pusiera en ventaja. Una rápida carrera de Rubén Espinoza dejó mal parada a la defensa loína, algo que terminó aprovechando Salgado para poner el 1-2 a los 70 minutos.

Cuando parecía que se iba a romper la «maldición» alba en Calama, Jorge «Pindinga» Muñoz dijo otra cosa. Vio que Morón le cedió su palo y el artillero naranja metió el puntazo por su orilla. A los 89′, Cobreloa conseguía un empate tranquilizador. Para Colo-Colo, la única forma para quedar eliminado era que Sol de América gane por 5 goles a 4 a Olimpia en el duelo que se iba a jugar más tarde (no fue en simultáneo, como se hace en otras definiciones).

Raúl Ormeño, uno de los más experimentados de aquel equipo, ya intuía lo que iba a pasar: “los paraguayos se van a arreglar entre ellos, cualquiera sea el resultado que necesiten. Yo, por lo menos, me siento fuera de la Copa con este empate en los descuentos”.

La cosa es que ambos equipos se aprovecharon de forma burda y hasta ridícula para beneficio propio. De partida, un extraño corte de luz a los 24 minutos afectó a «La Olla», aunque en los alrededores del estadio sí había iluminación. Como ningún «técnico electricista» pudo «arreglar» el problema, el partido se pospuso para el día siguiente.

En esos 66 minutos restantes se sentenció la suerte para los albos. El 5-4 a favor de Sol de América estaba pactado y el falso esfuerzo junto a Olimpia casi no fue tema para la CONMEBOL, que validó el resultado, aunque  multó a ambos equipos con 5 mil dólares.

Por parte de Cobreloa, avanzaron hasta cuartos de final, donde cayeron a manos de Danubio. Los uruguayos enfrentaron a Atlético Nacional y se vieron afectados por otro hecho que manchó la Copa Libertadores de aquel año, algo que profundizó el diario El Tiempo de Colombia en sus archivos.

 

Foto: Cristian Rudolffi/Photosport