sábado, septiembre 19, 2020

Con tanto de Nicolás Castillo a última hora, los cruzados se quedaron con un partido vertiginoso, con muchas llegadas y goles. En resumen, un duelo digno de recordar.

Primer tiempo terminado y la Unión parecía haberlo ganado, con lluvia, frío y una pelota con velocidad paranormal. Un juego correcto en donde los hispanos, específicamente Berardo y Domínguez, anularon los reiterados ataques por la banda derecha que proponía la UC a través del que más tarde se convertiría en la estrella: “Chapita” Fuenzalida.

“Titán” había planteado un buen partido frente a los de la franja, choque que para los hinchas hispanos es considerado como un clásico más del balompié nacional. Una defensa sólida y un mediocampo flexible, en donde Seymour y Galdames fueron los llamados a crear hacia arriba en conexión con Churín y Salom, mientras que Hernández y Pinares se quedaron en la contención por orden del mismísimo ex Boca Juniors.

Con los 45’ adentro, los dirigidos de Palermo saboreaban el triunfo. Mal que mal, un 2 a 0 los dejaba como líderes del torneo, además que los hispanos se alzaban con esta victoria ante un público mayoritariamente amarillo y rojo. Sin embargo, una vez más se comprobó por qué es éste el resultado más peligroso del deporte rey.

Se reinició el segundo tiempo y Salas sabía que tenía que cambiar el panorama oscuro de los sancarlinos. Estrellita para él: acertó con los cambios. Ingresó a Espinosa y el partido cambió en cosa de segundos. El mediocampo era de dominio cruzado, pero solo era eso: mediocampo, porque de ahí a encontrarse de frente con Sánchez, descartado.

Berardo, el gran responsable de la ventaja hispana, tuvo que salir por problemas físicos y ahí entró el otro gran responsable del partido: Scifo. En el fútbol hay partidos buenos, otros correctos y otros malos. El que jugó Scifo fue malo. Alejadísimo del buen nivel que alguna vez demostró en Argentina, el lateral derecho no pudo hacer lo que en el primer tiempo Berardo controló: la banda derecha de la UC.

Pero algo cambió de un chispazo. Noir (con un golazo de chilena) y luego Fuenzalida. Tres minutos, dos goles. De tres puntos a uno solo. Pero al igual que la lluvia, los goles no habían terminado.

El mérito es para los cruzados. Salas acertó con los cambios. Controló el medio terreno, generó por la banda y concretó. La mandó a guardar cuatro veces. Los paraguas celeste y blancos se agitaron por los tres puntos que los ubica en el tercer lugar de una apretadísima tabla. Por otra parte, a la unión le faltó precisión. Palermo, a diferencia de “Super” Mario, erró con los cambios. El juego simple que venían haciendo los hispanos no les sirvió para ganarle al monarca actual del fútbol chileno. Trató de sobreponerse a las circunstancias que lo derribaban, tanto de la lluvia como de los goles, pero el cansancio psicológico de sus jugadores pesó más que la densidad del agua.

Cuatro a tres terminó el encuentro con siete mil almas empapadas. Emocionante y agónico final. No se sorprenda si este es considerado el mejor del campeonato, pues lo que se vio hace un par de días es por lejos una de las más grandes demostraciones futbolísticas del 2016.

A “Titán” le arrebataron el podio, la posibilidad de quedarse como líder exclusivo, dejó escapar dos puntitos que podrían hacer la diferencia hacia el final de este extenso torneo. El Santa Laura se inundó, por la lluvia con toda seguridad y, tal vez, por las lágrimas de los hinchas cruzados, que en los 92’ lanzaron sus paraguas al cielo para unirse a la celebración de un empapado plantel guerrero.