lunes, septiembre 21, 2020

La opinión del hincha acerero, por Richard Vidal Vergara (@richardvidal).

Érase una vez un club deportivo de un puerto chileno que vivía una gran crisis económica. Por esto, en una reunión de directorio llegaron a la conclusión que la única manera de mantener el fútbol profesional de esta institución era transformándose en sociedad anónima, por lo que debían venderlo a como dé lugar. Un  importante miembro de este directorio señaló con entusiasmo que tenía un grupo interesado, encabezado por un hincha de Universidad  Católica, licenciado en derecho (casi abogado), que por su familia le tenía mucho cariño a este equipo de fútbol. No obstante, nadie podía saber los pormenores de este traspaso, estableciendo ridículas cláusulas de confidencialidad.

Supuestamente se hizo el traspaso y como si tuviera un juguete nuevo, la cabeza de este grupo económico se hizo un activo usuario de Twitter y prometió muchas cosas que lamentablemente no se han cumplido. Una de estas “promesas”  era el 11 +11 +11, que consistía en tener 11 titulares, 11 jugadores que los apurarán y 11 jóvenes de proyección. Sin embargo, en la actualidad con suerte tenemos 5+ 3+11.

Otra de las ideas incumplidas fue que este personaje decía: «nunca un jugador acerero se vendería a un club nacional, ya que eso sería reforzar a un oponente». Obviamente eso nunca ocurrió. Podría dedicar toda la columna a señalar las “ofertas”  que no se cumplieron y las cosas raras que aún no se aclaran de esta oscura venta.

Pero a este presidente se le comenzó a abrir el apetito. Se dio cuenta que podía escalar en el ámbito futbolístico, por lo que comenzó a intervenir de forma frecuente en los consejos de presidentes y a ofrecerse para participar en  cualquier comisión que se formara.

Cual dictador, este “tuitero” ordenó la aplicación del código 102 para que los hinchas que no pensaran como él, no pudieran entrar al estadio que supuestamente administran (por cierto, el recinto está muy descuidado). Incluso se le incluyó en el directorio de una empresa que tenía un gran capital a su haber, por lo que le aconsejaron que dejara el contacto con los hinchas  por redes sociales. Además, debía aparentar dejar la presidencia de este equipo.

Por lo tanto, tal como el fugado personaje que lleva de título esta columna, el mandamás debía “desaparecer” del mapa futbolístico de esta ciudad puerto. De paso, dejó una deuda muy grande en cuanto a la infraestructura y al fútbol de este tradicional club.

Aparte, hay una venta de derechos televisivos que puede generar un dineral y como viene la mano, no es de extrañar que este grupo económico que adquirió los derechos de este glorioso club piense en su venta. Pero eso será después de conseguir el botín que al parecer vinieron a buscar.

No obstante, siempre ante alguna dictadura o injusticia habrá una revolución, a veces de proporciones bíblicas.  Mucho ojo, porque dicen que los hinchas de esta institución están despertando. Hoy, más que nunca, cabe decir: “colorín colorado, este cuento aún no ha terminado”.

 

Foto: Agencia UNO