lunes, septiembre 21, 2020

La opinión del hincha acerero, por Richard Vidal Vergara (@richardvidal).

Cuando el Club Deportivo Huachipato decidió desprenderse del futbol acerero debido a la crisis de la CAP -la competencia del acero chino hizo disminuir el aporte de la empresa-, nadie dudó que era la única salida para que nuestro equipo siguiera existiendo.

Sin embargo, lo que nadie esperaba es que esta venta se hiciera entre gallos y media noche, con ridículas clausulas de confidencialidad que supuestamente bordean el millón de dólares, según un informe publicado en La Tercera, con fecha del 23/6/2014. Además, se le entregó el nombre de Huachipato a un grupo empresarial que se caracterizaba por llegar a empresas quebradas, usufructuar de ellas e irse cuando no hay nada más que hacer.

En esto tienen mucha culpa los dirigentes que manejaban el Club Deportivo en ese momento. ¿Cómo no iba  existir interés  de parte de otros inversionistas con mejor historial en una marca tan seria como Huachipato?

Surgen distintas preguntas: ¿cómo y a través de quién se contactó a estos inversionistas sin mayor capital?  ¿Por qué este Club Deportivo le quitó el equipo a sus socios y decidió su venta a una sociedad anónima cerrada, no pudiendo sus hinchas ser dueños de una parte de la propiedad? ¿Por qué hubo tanto secretismo en esta operación y se aceptó esta millonaria cláusula de confidencialidad? ¿En cuánto fue vendido el club y quiénes son los “inversionistas” que no se conocen? ¿Habrá gente conocida por los hinchas acereros que es beneficiaria de la ganancia de este grupo inversor? Por cierto, cómo me gustaría tener el millón de dólares para que gente del Club Deportivo saque a la luz los detalles sabrosos de esta oscura venta.

Por otro lado, este proceso ni siquiera fue una concesión al estilo de clubes como Colo-Colo por ejemplo, sino que fue una venta directa, ya que la CAP no tiene la intención de recuperar el fútbol en el tiempo. No obstante, como todo el mundo tiene derecho a una oportunidad, había que dejar que operaran estos inversionistas, que al principio prometían mucho, pero la realidad es que venían a ganar dinero. Ese fin no tiene nada de malo, pero para eso no es necesario reducir gastos a como dé lugar.

Al contrario: soy un convencido de que se puede invertir y ganar dinero a la vez. El O’Higgins de Ricardo Abumohor es un buen ejemplo de ello. Sin embargo, todo iba dentro del marco de lo que se podía aceptar hasta que no despidieron a un entrenador precedido de una pésima campaña con un muy buen plantel, dejándolo para dirigir el plantel más barato y con menos variantes de todo el fútbol chileno. Todo esto -qué duda cabe- por razones estrictamente económicas. Los juveniles tienen muchas condiciones, pero tienen que ir quemando etapas.

Respecto a lo del sábado, los primeros 20 minutos fueron bastante buenos frente a Universidad de Concepción, pero después se bajó mucho el nivel y dio la sensación que los del Campanil siempre estuvieron un poco más cerca del triunfo.

No puedo entender que Povea esté a cargo de los tiros libres abiertos, siendo que hay gente que le pega mucho mejor al balón. Por esta razón, el sábado se desaprovecharon muchas oportunidades por ese expediente.

En otro tema, ya es hora que se sienten a conversar nuevamente la SADP con los representantes de Simón Ramírez, ya que en estos momentos necesitamos de todos los buenos elementos y con esto se está perjudicando al jugador y al equipo. Esta intransigencia de ambas partes puede generar un pésimo precedente.

¡Vamos, acereros!

Foto: Photosport