jueves, septiembre 24, 2020

La opinión del hincha del «León de Collao», por Ilich Rivas, administrador de @historialila

Como se ha señalado en columnas anteriores, para la gente que no está acostumbrada a conocer de procesos judiciales de largo alcance, como lo es la tramitación del recurso de protección interpuesto por Deportes Concepción, es difícil comprender los tiempos y las formalidades que ellos conllevan. A pesar de lo anterior, cualquiera puede intuir cuando algo anda mal, por el tiempo que ha pasado y las nulas señales que llegaban desde Santiago.

Ya que el señor ministro redactor, don Miguel Vásquez, se tomó 117 días en preparar el fallo y ponerlo a disposición de los otros jueces para la firma, uno podía imaginarse que de las tinieblas del tribunal emergería una obra maestra de lo jurídico, una sentencia que pudiera ser utilizada en otros procesos como ejemplo de sapiencia y equidad. Tanto tiempo pasó que hasta podía esperarse algún voto disidente, que abriera el debate sobre el fondo del asunto controvertido, dada la complejidad del caso. Es obvio: tantos días necesariamente debían significar que el pleito fue discutido hasta el más mínimo detalle.

Pero no. La Corte de Apelaciones de Santiago, el día de ayer, nos entregó un fallo de vergüenza. Más allá de que haya rechazado el recurso, el tribunal se limitó a copiar y pegar los argumentos esgrimidos por una y otra parte, resolviendo con una liviandad impresentable el fondo del asunto. Plagado de contradicciones y vacíos, sin hacerse cargo de las consideraciones  de hecho más relevantes, reduciendo la cuestión a una mera contradicción reglamentaria, que a su juicio debe resolverse en otro lado, sin siquiera señalar dónde.

Sin abocarse al fondo, se dedicó a atacar sencillamente la forma, señalando que la acción se rechazaba porque “la acción cautelar está concebida para solucionar cuestiones de hecho urgentes, que requieren de un vía ágil y expedita”.  Una burla. Ciento diecisiete días para señalar que el recurso es una vía rápida y que, por lo tanto, no sirve para esto.

La cesantía obligada de un plantel completo de futbolistas profesionales, cuerpo técnico y administrativo, ¿no es una cuestión de hecho urgente? La pérdida de ingresos económicos y derechos deportivos ganados en cancha, con sudor y lágrimas y sin que esto sea cliché, sino la dura realidad, ¿no es urgente? Solucionar un conflicto que afecta a una de las ciudades más importantes de Chile, ¿no requiere de una vía ágil y expedita? La ilegalidad y arbitrariedad de una decisión tomada por un órgano inhábil, votada por miembros con conflictos de interés, fundamentada en hechos que posteriormente se reconocerían como falsos, ¿no debería ser analizada con más detalle que el plasmado en este patético fallo?

La dolorosa derrota que conlleva esta decisión se ve aún más triste por la forma en que se dio. Claro, el proceso seguirá avanzando hasta la Corte Suprema, serán otros meses de espera para una decisión definitiva, el “segundo tiempo”, como se le ha llamado. Pero, ¡qué vergüenza para el Poder Judicial fue este primer tiempo!

Siguiendo con la metáfora futbolera, yo no diría que el árbitro nos robó. Más bien, se dedicó a cobrar para el lado más fácil, la camiseta con más estrellas. Mediocre desempeño de un ministro que dirige procesos tan respetables como las causas sobre derechos humanos. A lo mejor, desde su ilustrísima torre de marfil, consideró que no era tan urgente ni importante el reclamo de Concepción.

Pero bueno, a no bajar los brazos. Si recurrimos a la Corte, reunamos toda la fe posible en el máximo tribunal, el que debería resolver más acabada y profundamente la causa. Si no lo hacemos, a seguir trabajando desde donde partamos.  A esta altura, ya ni siquiera es tan importante revertir la desafiliación. Al final, en este momento, sólo estamos pidiendo justicia, limpia, fundada y consecuente. Es una cuestión de honor.

Foto: El Mercurio (archivo)