martes, septiembre 22, 2020

La opinión del hincha del «León de Collao» por Ilich Rivas, administrador de @historialila

Las comparaciones son odiosas, se sabe. Medirse entre equipos de fútbol es un ejercicio tan antiguo como el mismo deporte y tan interminable e inútil como discusión que no vale la pena  referirse a ello, casi siempre.

Sin embargo, mientras cortaba entradas y más entradas para el partido que se juega en dos semanas más, era inevitable mirar atrás, donde estaba apostado el stand del equipo universitario penquista. Las palomas apiñadas buscando algo para picotear, dos guardias y unos cajeros aburridísimos esperando que alguien aprovechara el ofertón de la semana, que llegaba hasta a 100 pesos para ver un partido de Primera División, con buenos jugadores en cancha, en el estadio nuevo y todo. Un operario incluso se acercó a encargar una entrada para el partido del Conce.

Al terminar la faena del día y volver a la casa, volvió a ser inevitable la tentación de revisar las asistencias de los combinados regionales de Primera División. En la usina solo llevaron 1.030 personas, los auriazules poco más de 1.200. Es inútil, odioso, todo lo que quieran. Pero no puedo sino sentir un dejo de oscura alegría al observar, patente y claro, el fracaso de quienes se arrogaron el derecho de declararnos inviables. En cuatro horas, yo estaba ahí, en sólo cuatro horas vendimos más entradas que cada uno de esos equipos. En el primer día de la preventa.

Obviamente el gancho es más interesante que un rutinario partido del torneo nacional. Aunque sea un amistoso entre equipos de nivel semiprofesional (hay que aceptarlo pronto), hay una efervescencia por ver a Concepción, un ansia de ver salir esa camiseta de la resistencia por el túnel y llenar el pasto del Ester Roa de lila. Hubo gente que hizo fila antes de la hora señalada, otros que compraron veinte, treinta entradas para toda su familia y conocidos, ancianos hinchas que apenas andaban, que quizá no iban a ir y que no necesitaban comprar la entrada –los mayores de 65 años entrarán gratis- pero igual estaban ahí, preguntando cuándo se abría el libro de socios, cómo aportar mensualmente, dónde ayudar.

Esto no es una historia melosa para llamar la atención. Un niño llegó corriendo desde un auto estacionado. Se anunció con un “me gusta el Conce, quiero una entrada para mi papito” que llenaba el alma de alegría, más al verlo feliz con el papel y saltando para que su papá lo viera.

Paradojalmente, la comparación será imposible de evitar el día del partido. Huachipato y UdeC se enfrentarán en el CAP Acero al mismo tiempo que Concepción volverá a las canchas contra Provincial Osorno. Casualidad o no, la oportunidad de enfrentar los números entre el amistoso semiprofesional y el “clásico” de Primera División se dará sí o sí. Si triunfamos, que sea sin soberbia, lilas.

Eso sí, y como dije en el primer párrafo, esto pierde toda importancia si enfocamos el lente en lo realmente importante. La emoción ya se siente. La gente ya está impaciente por entrar nuevamente al coliseo penquista a repetir el ritual de cada domingo: la pelotita picando y buscando el arco que da al río Andalién o a la avenida Ignacio Collao. El simple hecho del pitido inicial será una victoria ya para el hincha morado, que lleva un año sin ver un juego en el cotidiano escenario. Los menores de 12 años entran gratis, porque el futuro es de ellos. Los mayores de 65, también por legarnos este sentimiento.

¿Ustedes sabían que pueden sentarse en cualquier parte del estadio? “Incluso, si llega temprano, puede alcanzar a sentarse donde lo hacían los de la concesionaria”. Cuando le decía eso a algún hincha, la sonrisa era inmediata. Es que las comparaciones son odiosas, inútiles, pero mientras los demás tratan de encantar a sus aficionados con ofertas ridículas o apostando a los cadetes o lo que sea, en Concepción estamos viviendo algo así como un romance con el club.

Un retorno a los orígenes, un reencuentro personal con la camiseta. El hincha ya entendió que es dueño del club, que es lo fundamental del mismo y que de su esfuerzo depende su sobrevivencia. Y le da felicidad, vengarse, rebelarse, resistirse, apoyarse, animarse y reencantarse. El León vuelve a Collao. Es todo lo que necesitamos ahora para ser felices.