sábado, septiembre 19, 2020

La opinión del hincha del «León de Collao» y su reencuentro con el fútbol a un año de la desafiliación, por Ilich Rivas, administrador de @historialila

En mi anterior columna hablaba sobre las comparaciones con los equipos de la zona, en particular con el partido entre Huachipato y la UdeC que se jugaría el mismo día que el retorno a Collao. Pero cuando iba subiendo las escaleras del coliseo penquista, recibiendo el sol radiante y el murmullo ascendiente de los cantos, me di cuenta de la inutilidad de esa discusión. Digámosle la verdad a la Gobernación: había más de 18 mil personas en el Estadio, de todas las edades y clases sociales. Gente que viajó desde Santiago, del norte, del sur, Argentina incluso, familias completas, abuelos, niños, más la eternamente fiel Barra Los Lilas cantando.

Fue hermoso. En la previa del partido estuve tantas veces a punto de llorar, por todo, por estar reunido con mi familia, por ver marchar a tanto niño feliz al compás de los aplausos de los hinchas, las chicas de la rama femenina, los viejos cracks del senior y la mutual, los nuevos amigos del handball, tanta gente que sigue manteniendo vivo al club, un año después. Me emocionaba recordando esos partidos en Hualpén, en Coronel, con doscientas, trescientas personas, cuando estábamos decepcionados, cuando la concesionaria estaba exprimiendo peso a peso nuestra pasión y no veíamos nada, salvo la pura cáscara del club que queríamos. Ahora no, ahora cada bandera, cada jockey, cada entrada estaba ahí: marchando orgullosa convertida en la camiseta de un niño. Todos en el estadio lo sabíamos, lo sentíamos y lo cantábamos.

Se me fue la voz cuando entraron los jugadores, los que se quedaron pese a todo, contra todo, cuando escuché la explosión del público al ver la camiseta de la resistencia donde debía estar: en el césped de siempre, el pasto que vio pasar tantas y tantas historias, ahora recibiendo a los nuevos leones, que cuánto se merecen ese apelativo.

El partido, aunque opacado por la emotividad de cada detalle que envolvía el retorno, merece ser comentado. Provincial Osorno, campeón de la Tercera División, se plantó sin interés de ser el arroz del plato principal y durante el primer tiempo contuvo y presionó exitosamente a los nerviosos jugadores lilas, que con mucha cautela y algo de nervios intentaban mantener un orden y precisión en el pase, en desmedro de la creatividad ofensiva.

En la segunda parte, imagino que precedida por un café cargado y una arenga de Zaracho, Concepción dominó gracias a sus refuerzos estelares: un Javier Bustos inmenso mientras le duró el físico, un Esteban González que impuso su experiencia y Gazale, claro. Daúd Gazale me hizo llorar finalmente, cuando capturó ese rebote y liberó la carga emocional de un año completo sin gritar un gol en casa. Gracias por eso, Daúd, y por el segundo gol de fantasía que nos entregaste, eludiendo rivales y rematando al primer palo, qué golazo. El descuento de los toros, que no se rindieron en ningún momento, cerró una tarde mágica.

No quiero caer en una prosa endulzada para emocionar, como algunos gustan de hacer. Les cuento lo que sentí el domingo pasado, desde el corazón, para recordarlo yo y para que todos no olvidemos lo que pasó en Collao. Ojalá todos los clubes de la zona puedan ser recuperados por sus hinchas. Le deseo todo el éxito del mundo a la Corporación que dirige a Fernández Vial, le deseo los males del infierno a las sociedades anónimas que dirigen a Huachipato y la UdeC para que se vayan y sus aficionados tomen el mando, le envío mucha fuerza a los incansables fanáticos de Naval y Lota Schwager, que contra todo jugaron su partido con público. Ojalá el fútbol regional completo pueda resurgir de sus cenizas, alzarse como ya lo hizo mi Deportes Concepción y que las rencillas se queden en la cancha y en las bromas, porque juntos podemos resistir mejor.

Y digo “mi” Deportes Concepción porque soy socio del Club Social y el Club Social es Concepción. Y es hermoso decirlo porque somos dueños del futuro del club y podemos hacer cosas maravillosas como el partido del domingo pasado. Mañana se cumple un año desde que nos declararon inviables. Pero ese día dieciocho mil personas gritaron de pie que el Conce no se fue. Ahí tienen su respuesta, firme como nuestra resistencia. No nos fuimos, ni nos iremos nunca. Somos Deportes Concepción.

Foto: Aton Chile