Por Rodrigo Molina (@Rodmol7).

Miércoles 5 de Junio a las seis de la tarde. Una tarde con un frío increíble. Recuerdo que toda la gente salía apurada de sus lugares de trabajo, de sus universidades, de sus colegios y liceos. Los paraderos de las añoradas “micros amarillas” estaban colmados, y las mismas estaban atestadas de personas que repletaban sus pasillos y colgaban de sus pisaderas. Hombres, mujeres, niños y jóvenes querían llegar luego a sus hogares, para presenciar, en aquel entonces, el acontecimiento más importante en la historia del Fútbol Chileno. Tal como titulaba la Revista Minuto 90 una semana antes, la Copa Libertadores de América estaba ahí, a un solo gol, y un equipo chileno estaba ad portas de obtenerla por primera vez para nuestro país.

En aquella fecha estaba cursando el cuarto medio, y por las tardes iba al preuniversitario Cepech, pero desde hace varios miércoles que me perdía varias clases con tal de llegar a mi casa para ver las transmisiones de televisión. En aquel año, yo era hincha incondicional de Colo-Colo, el equipo tradicionalmente más popular de Chile. Desde que mi papá me llevó por primera vez a ver uno de sus miles de partidos, en el añoso Estadio Vulco de San Bernardo por allá en 1981 donde derrotó a Magallanes (1-4, con dos goles de Vasconcelos, uno de Caszely y un autogol), que el cuadro albo se había transformado en mi primer amor futbolero. Hasta antes de aquella Libertadores obtenida en 1991, el partido más emocionante que había presenciado fue aquella final del Campeonato de 1986 ante Palestino, triunfo del Colo por 2-0 con aquel recordado gol de Hugo Rubio, cuando le sacó como cinco metros de distancia a Marco Opazo, derrotó a Marco Cornez con un disparo fuerte al primer palo y le regaló su camiseta a la barra, festejando a torso desnudo. Fue el gran partido de Roberto Rojas, quien atajó dos goles cantados a los baisanos, a pocos centímetros de la raya de gol, atajadas realmente imposibles. Aquella vez, con mi papá hicimos tremenda fila en la sede de Cienfuegos para comprar dos laterales en el Estadio Nacional, donde terminé cantando a gritos el himno del Popular.

Sin embargo, cada día Miércoles desde Marzo hasta Junio de aquel 1991 se transformaba en una sinfonía de emociones. Porque cada partido significaba un verdadero reto contra equipos de alta jerarquía. Por primera vez en mi vida, descubrí lo que significaba llorar por un triunfo en un partido de fútbol, cuando Colo-Colo derrotaba por 3-1 al poderoso Boca Juniors, ya que aquel compromiso, como las Libertadores desde los ’60 hasta finales de los ’90, eran verdaderas batallas, con rivales que tenían grandes figuras y con hinchadas que presionaban desde el primer segundo. Aquella vez me sentí ya Campeón, sin importar quien llegase a ser el rival en la final, si el Olimpia paraguayo o el Atlético Nacional colombiano (Olimpia se impuso por penales y clasificó a la última instancia).

Después de irme a mi casa todo apretado en un pasillo de una micro amarilla que se dirigía a mi casa en Puente Alto, en aquel Miércoles 5 de Junio de 1991, llegaba a mi casa alrededor de las 19:30. La once estaba servida, una rica taza de Milo caliente con un pan con palta y mortadela. Mi mamá estaba en la cocina y mi papá estaba sentado en el sillón, escuchando como Pedro Carcuro saludaba los televidentes y como comenzaban a esbozar suss primeros comentarios Sergio Livingstone, Julio Martínez y Tito Fouilloux. La impaciencia no tenía límites, los nervios parecían estallar en cualquier momento, igualmente que las ansias. Solo quería gritar un gol, solo quería ver a Colo-Colo Campeón, a un equipo chileno alzando una Copa Internacional por primera vez.

EL TRIUNFO DEL PROCESO.

La obtención de la Copa Libertadores en 1991 no fue para Colo-Colo un acontecimiento histórico que se haya logrado en el momento, sino que fue una mezcla entre un proceso que se inició muchos años antes, y la formación de un grupo de hombres hambrientos de gloria, con deseos de obtener algo grande y escribir con letras doradas el, capítulo más importante en los casi 100 años de historia en el Fútbol Chileno. 100 años de eternas frustraciones, de estar a las puertas del Olimpo y caer de golpe al hades infernal. Atrás quedaron las finales perdidas por Cobreloa en 1981 y 1982, y por Unión Española en 1975, además de todas las oportunidades en que la Selección Chilena perdió las finales de los Sudamericanos de 1955 y 1975 y las Copas América de 1979 y 1987. En el corazón de los colocolinos aún calaba profundamente del dolor de haber perdido la final de la Libertadores en 1973 ante Independiente de Argentina, que la historia ha determinado que fue un robo asqueroso. Entonces, esta era LA OPORTUNIDAD para alcanzar la gloria antes negada, muchas veces por influencias nefastas de aquellos que favorecían a los rivales del Atlántico, los cuales se mofaban de nosotros cantando burlonamente “La Copa se Mira y no se Toca”.

Este proceso lo inició Arturo Salah, hidalgamente hay que reconocerlo, un proceso que principió con su llegada en 1986 y que comenzó a afirmarse entre 1989 y 1990. Sin embargo, desgraciados eventos privaron a los Albos de obtener el logro sagrado. Primero, el recordado “Tongo Paraguayo”, en donde Sol de América y Olimpia pactaron el único resultado que eliminaba a Colo-Colo, un imposible 5-4. Un extraño apagón y después goles sin atisbos de ser defendidos sacaban de carrera al cuadro chileno, con el silencio cómplice, además, de la CONMEBOL dirigida en ese entonces… por un paraguayo (Nicolás Leoz). Al año siguiente, Colo-Colo jugaba de igual a igual con el campeón brasileño, Vasco da Gama. Le sacó un empate 0-0 en la ida, y al término del primer tiempo, en el partido de vuelta, ganaba 2-0. Sin embargo, los brasileños arremetieron en el segundo lapso, sumado a las dudas de Morón y la defensa y malas decisiones de Salah, se empató 3-3 y se cayó 4-5 en los penales. Un Estadio nacional en completo silencio, con más de 70 mil personas que parecían estar presenciando un funeral y no los Octavos de Final de la Copa más importante de Sudamérica, coronaban el tétrico espectáculo de una fría tarde otoñal.

Salah renunciaba a Colo-Colo para asumir su primera experiencia internacional en México (Monterrey), antes de asumir como Director Técnico de la Selección Nacional. La dirigencia del cuadro albo, encabezada en aquel entonces por Eduardo Menichetti junto con Peter Dragicevic y Jorge Vergara, esbozaba la idea de traer a un DT que tuviera pergaminos y que provocara una verdadera revolución futbolistica. Ambos concordaron que el nombre de aquella persona era el de Mirko Jozic. Campeón con Yugoslavia en el Mundial Sub 20 de 1987 en Chile, Jozic ya había trabajado en Colo-Colo como encargado del área de cadetes en 1988. En aquella época causaron escozor algunas de sus declaraciones, tales como señalar que los futbolistas no estaban preparados físicamente, existía un régimen de alimentación poco adecuado y que existían carencias en el ámbito técnico. Dos años más tarde, Mirko volvía al Monumental trasuntando una mentalidad diferente, a la europea, con trabajo amplio coordinando y considerando todas las áreas, desde los físico, lo técnico y lo táctico hasta resguardos en la alimentación y la vida personal. Fundamental en su trabajo fue la presencia de Eddio Inostroza, vital en el nexo entre el croata y el plantel de los jugadores, los cuales al principio no se adaptaban a su idea e incluso no lo soportaban, ya que comparaban la frialdad de Jozic con el paternalismo de Salah; y vital fue la presencia de Marcelo Oyarzún como Preparador Físico, ya que la ejecución del plan técnico de Mirko requería de una alta exigencia en cuanto a lo físico. El desdoblamiento y la desenvoltura de los jugadores en el campo de juego, requerían velocidad, correr permanentemente, presión en las distintas áreas del campo de juego, movimientos verticales y diagonales con y sin balón, marcas personales e intercambio de funciones en lo defensivo y ofensivo. Junto con aquello, mientras los demás equipos de Chile y de Sudamérica llevaban a la práctica esquemas que oscilaban entre el 4-3-3 y el 4-4-2, este último esquema puesto en práctica por Salah en Colo-Colo y que lo llevó al éxito al coronarse Campeón en 1986, Jozic proponía un esquema 3-4-3, comúnmente llamado como “los tres rombos”, en donde se resaltaba la presencia de un líbero y dos stoppers que marcaban al hombre, laterales volantes tanto por derecha como por izquierda, y delanteros por las bandas que podían recogerse para realizar labores mixtas. “El delantero también debe defender”, señalaba Mirko en 1990. En el Torneo de aquel año, Colo-Colo se titulaba Campeón sacándole siete puntos de ventaja a su más inmediato perseguidor, Universidad Católica, y con solo tres derrotas en 30 partidos. En la mente de jugadores, dirigentes e hinchas, cabía la esperanza de que, ahora sí, se pudiera alcanzar la meta más importante, alcanzar el logro internacional, la Copa Libertadores de América. El fruto del proceso comenzaba a pavimentar sus últimos metros.

UN GRUPO UNIDO.

Hace unos días, en entrevista realizada con el programa “Al Aire Libre”, de Radio Cooperativa, Mirko Jozic señalaba desde su natal Croacia, que la clave del Título conseguido por Colo-Colo en la Libertadores de 1991 fue la Unión de Grupo. “Me siento orgulloso de haber sido parte de un grupo tan bueno, tan solidario, un grupo que quería hacer algo grande para el fútbol chileno y especialmente para Colo-Colo. Muy buenas personas, con grandes valores humanos, alegre, unido, adultos con alma de niños. Verdaderos profesionales, con hambre para trabajar, sin límites de sacrificios. El éxito se alcanza con trabajo y disciplina, siempre con el respeto por los demás, pero lo fundamental fue el trabajo en conjunto, una conducta adecuada y el deseo de los jugadores de defender con el alma la camiseta de Colo-Colo”.

El Plantel de Colo-Colo 1991 fue una simbiosis entre jugadores experimentados como Daniel Morón, Lizardo Garrido, Raúl Ormeño y Ricardo Dabrowski, jugadores que estaban en su plenitud futbolística como Jaime Pizarro, Rubén Espinoza, Marcelo Barticciotto y Rubén Martínez, jugadores silenciosos, pero eficientes como Eduardo Vilches, Marcelo Ramírez y Juan Carlos Peralta, y jóvenes valores que se abrían paso como Miguel Ramírez, Javier Margas, Leonel Herrera y Leonardo Soto. A este grupo de jugadores plenamente conformado, se sumaban como refuerzos Luis Pérez (a préstamo desde Universidad Católica), un futbolista con hambre de gloria en el fútbol, Gabriel Mendoza, venido desde O’higgins y pedido expresamente por Mirko que veía en él una llave importante para abrir las defensas rivales gracias a su desdoblamiento y gran velocidad, y, sin duda, el refuerzo más importante, Patricio Yáñez, que necesitaba una revancha en el fútbol después de su regreso al fútbol chileno, ya que su paso por la U.de Chile no fue lo esperado debido a sus lesiones. El “Pato” o “Paul Anka” (como le decían sus compañeros por lo mentiroso) fue el arma ofensiva fundamental en la obtención de triunfos ante enconados rivales, con su velocidad abismante y sus endemoniados desbordes por la banda derecha. “Sin el “Pato” en la cancha, no hubiésemos ganado la Copa Libertadores de América”, declaraba el “Bocón” Ormeño en el Documental “Hombres de Blanco”.

PASO A PASO.

Hay pseudo periodistas en Chile que tratan, desde su ignorancia, de minimizar el Título logrado por Colo-Colo en la Copa Libertadores de 1991, señalando que se derrotaron a equipos sin muchos pergaminos, salvo Boca Juniors. Para lograr la Copa Libertadores, Colo-Colo tuvo que derrotar a equipos muy poderosos y con historia en sus respectivos países.

– Derrotó al Barcelona de Ecuador, el equipo más popular de aquel país y que contaba con seleccionados nacionales y refuerzos de renombre como Rubén Darío Insúa y Marcelo Trobbiani, además que se había titulado subcampeón de la Libertadores de 1990.

– Venció a la LDU de Quito, que basaba su poderío en el juego colectivo, además de beneficiarse de la altura de su región geográfica.

– No nos olvidemos de Deportes Concepción, que hizo una campaña digna en aquel Torneo y que también contaba con jugadores interesantes como Almada, Adomaitis y otros. Los albos derrotaron al León de Collao en el Monumental (2-0) y sufrieron en demasía para rescatar un punto como visitantes en el actual Ester Roa (0-0).

– Dejó atrás a Universitario de Lima, que contaba con seleccionados peruanos, en una llave que combinó sufrimiento con los fantasmas del año anterior cuando quedó eliminado con Vasco da Gama. El gol de Balán González hizo sudar hielo a la hinchada alba, pero los goles de Rubén Espinoza y la atajada milagrosa de Morón ante un cabezazo del mismo Balán hicieron desaparecer los miedos.

– Clasificó ante Nacional de Montevideo, Campeón de América en dos oportunidades y que también contaba con extraordinarios y fieros jugadores como Domínguez, Revelez, Saralegui, Venancio Ramos y el panameño Dely Valdés. Había que asegurar de local, y la goleada 4-0, en un partido complicado y poco lúcido, fue vital porque se sabía que los uruguayos iban a usar todas sus artimañas para dar vuelta el asunto, como cortar el agua caliente o regar exageradamente la cancha.

– Derrotó a Boca Juniors, el equipo más popular de Argentina y un monstruo a nivel sudamericano, con gran fútbol y con armas nobles. Boca tenía un equipazo, con seleccionados nacionales y una dupla de temer como Batistuta y Latorre y un técnico de gran capacidad como el Maestro Tabárez. Fue la verdadera final de la Copa Libertadores de aquel año, porque se enfrentaban los dos mejores equipos del Torneo y porque Colo-Colo supo ser capaz de derrotar al gran favorito para adjudicarse la Copa.

– Venció en la final a Olimpia, Campeón de la Copa Libertadores anterior y que era una verdadera selección paraguaya. Contaba con el goleador de América, Raúl Vicente Amarilla, y con jugadores de gran nivel, como Monzón, Samaniego, Carlitos Guirland, Guasch, el Loco Gabriel González, Silvio Suárez, Remigio Fernández y un gran arquero como Battaglia. Colo-Colo fue infinitamente superior en ambas finales, y los mismos paraguayos reconocieron hidalgamente a los Albos como legítimos campeones. “No tuvimos ninguna oportunidad ante ellos”, declaraba su DT Luis Cubilla, tras culminar el encuentro final.

LAS CLAVES DEL ÉXITO.

1-. UN GRUPO UNIDO: Colo-Colo conformaba un grupo alegre, unido, solidario, respetuoso, donde no existían conflictos ni egoísmos. Todos apuntaban a un mismo norte, ser campeones, y la disciplina, la responsabilidad y el compromiso se transformaban en los cimientos indispensables que los llevarían a la obtención de la Copa. No solo jugadores y cuerpo técnico, los dirigentes realizaron una gran labor, enconada, sin descanso, comprometida con el objetivo principal y trabajando mancomunadamente con las diversas áreas. Mirko destacaba lo realizado por Eduardo Menichetti, fallecido hace unos años, quien trabajó las 24 horas del día por cristalizar aquel objetivo en común, ser Campeones.

2-. NO CLAUDICAR ANTE LAS ADVERSIDADES: Tal como lo dijo Eduardo Bonvallet en uno de sus programas, Colo-Colo tenía una potencia física y futbolística envidiables, las cuales nunca había visto en ningún otro club de América. El Plantel de Colo-Colo era como un grupo de comandos, prestos para dar todo por el logro del objetivo final, ser campeones. Sin embargo, poco a poco se fue menguando el grupo debido a las lesiones y a las expulsiones. Raúl Ormeño se desgarró, Dabrowski (goleador de Colo-Colo en la Copa) se desgarró, Pato Yáñez se luxó el hombro y se fue expulsado ante Boca, el Coca Mendoza se luxó el codo, Rubén Martínez se fue expulsado en la final de ida ante Olimpia. Recordemos que Lucho Pérez, el héroe de la final ante Olimpia en el Monumental, no había jugado ningún minuto en la Copa antes de aquel partido. Un ejemplo de no claudicar ante las adversidades fue la actuación de Yáñez ante Boca en el 3-1 de vuelta. A pesar de haberse dislocado el hombro, no se rindió y fue capaz de continuar causando daño a la defensa xeneise con sus desbordes, siendo preponderante en los pases gol en dos conquistas de los albos aquella noche.

3-. DESDOBLAMIENTO DE FUNCIONES: En el esquema de Mirko no existían las posiciones fijas en el Campo de Juego. Cada uno de los futbolistas tenía que desdoblarse y cumplir funciones defensivas y ofensivas, con presión, velocidad y anticipación. Con Salah, Pizarro jugaba de volante central, Vilches de zaguero, Espinoza de lateral derecho, por ejemplo. Con Jozic, esto no sucedía. Pizarro pasó a ser un veloz lateral por izquierda, Vilches un laborioso volante central, y Rubén Espinoza el conductor de aquel Colo-Colo campeón. El Chano Garrido nunca había sido líbero, pero Mirko confiaba en su experiencia y claridad en la zona defensiva, Cheito Ramírez y Margas nunca habían sido stoppers, pero el DT croata confiaba en su capacidad de marca y anticipación. Lucho Pérez jamás jugó de centrodelantero y marcó dos goles en la final. Esto significa que Mirko sabía trabajar las virtudes de sus jugadores, haciéndolos desenvolverse más allá de sus habituales capacidades. Ejemplo craso es el de Rubén Espinoza, para mi el mejor jugador del Campeón de la Libertadores, vital en las pelotas paradas, fundamental en el émbolo defensivo – ofensivo, y con una claridad superlativa para la distribución del balón y el armado de jugadas ofensivas.

4-. LA (SEMI) FINAL CON BOCA: Con Boca Juniors se jugó una verdadera final anticipada. Fueron verdaderas batallas los partidos de ida y vuelta. En la Bombonera se hacía sentir la influencia de la barra xeneise, la cual está encima permanentemente, provocando un apoyo constante en los 90 minutos (“La Bombonera no se mueve, tiembla”, tituló alguna vez El Gráfico). A eso se sumaba un pésimo árbitro, el paraguayo Escobar, siempre favoreciendo a los clubes del Atlántico. Colo-Colo no se amilanó y enfrió las acciones, manejando el partido y jugando de manera inteligente, haciendo callar a la hinchada y durmiendo a las excelsas figuras boqueases. En la vuelta, la batalla adquirió un ardor de los mil infiernos, no se veía por donde se podía dar vuelta la llave, más de alguno quedó sin uñas cuando Batistuta se fue solo en demanda de la portería y Morón hizo la de Dios y se mandó la tapada de su vida, hasta que llegó el minuto 64’ y Martínez igualaba la serie, y dos minutos más tarde, Barticciotto convertía uno de sus tantos goles imposibles… En los tres goles albos se llevó a la práctica el desdoblamiento de funciones. En el primer gol, Barti centra desde la derecha, Martínez en posición de “9” marca; en el segundo gol, Pato Yáñez desborda por la derecha, centro y Barti marca desde la izquierda; en el tercer gol, Yáñez en posición de creador por el medio cede a Martínez quien con toque sutil marca desde posición de delantero izquierdo. El movimiento de los tres delanteros, sin posición fija, fue determinante en el triunfo albo y el paso a la final.

Lo de los incidentes provocados por los jugadores de Boca da para escribir un libro, con un capítulo especial sobre el perro “Ron” y el mordisco a Navarro Montoya. Pero hay que aplaudir la viveza del Guatón Vergara para darle credenciales a todos los reporteros gráficos que se convirtieron en verdaderos hinchas albos al borde de la cancha y presionar a un Boca cada vez más salido de sus casillas, y aplaudir de pie la extraordinaria labor de Menichetti para impedir el castigo al Monumental y que se jugase ahí la final contra Olimpia. Se dijo anteriormente, todos trabajando mancomunadamente por un mismo objetivo, ser Campeones de la Libertadores…

Miércoles 5 de Junio, son las ocho de la noche. Comienza el partido y todos estamos nerviosos, estamos ansiosos y contagiamos a los jugadores de Colo-Colo que evidencian los mismos síntomas. Jara Heyn se lo pierde en dos ocasiones y Olimpia domina el juego. Hasta que llega el minuto sagrado, 13’ del primer tiempo, y el fútbol de Mirko Jozic se cristaliza con la gran jugada colectiva, a ras de pasto, y Lucho Pérez marca el primero, y cuatro minutos más tarde marca el segundo gol con una jugada digna de Pelé, con el autopase para dejar haciendo el ridículo a Juan Ramírez y fusilando a Battaglia. El partido que cae en un letargo, la hinchada popular ya se siente campeona, en mi casa nos sentimos campeones, nuestros ojos comienzan a brillar porque poco a poco afloran las primeras lágrimas. Se lesiona el Coca y a todos nos duele, es expulsado el Loco González y gritamos de alegría. Hasta que llega el gol del Negro Herrera y respiramos de alivio y de felicidad. COLO-COLO ES CAMPEÓN DE AMÉRICA. No nos importó el frío, salimos con nuestra bandera a festejar, caminamos hasta la Plaza de Puente Alto que estaba llena de gente, al igual que sus calles aledañas. Debimos estar hasta las 2 de la mañana, saltando, cantando, gritando, llorando, riendo, expresando una felicidad absoluta y eterna. Que importaba trabajar al día siguiente o ir al Liceo. Quizás nunca más en la vida se iba a repetir un acontecimiento tan inolvidable. “La noche es linda, el cielo iluminado, sale a la calle, empuña tu bandera, no tengas vergüenza, grítale al país que emerge un equipo que es la expresión genuina del pueblo chileno”, vociferaba el gran relator (y colocolino de tomo y lomo) Vladimiro Mimica.

HACE 30 AÑOS…

De aquello ya han pasado 30 años. En aquel 1991 gobernaba Patricio Aylwin y la Concertación, y por aquellos días el Presidente pedía perdón a las víctimas de los atentados a los derechos humanos después de la presentación del Informe Rettig. Eran los primeros años después de la derrota de Pinochet en el Plebiscito del No, y existía una gran esperanza por un país mejor y más justo. Treinta años después, Aylwin está fallecido y la ex Concertación se olvidó del pueblo, dedicándose ahora a hacer una reverencia asquerosa a los más ricos y poderosos. La alegría ya no vino, y la esperanza se esfumó como “Polvo en el Viento”…

Hace 30 años, la derecha era una oposición que pretendía ser constructiva, sobre todo con sus senadores “designados”; Treinta años después, llevan a cabo el peor gobierno de la historia, con un estallido social de personas enrabiadas con la injusticia social y la burla de la elite gobernante, con una pandemia que ha arrasado con muchas familias, con muerte, hambre, necesidades, cesantía, dolor, con la única esperanza de que todo esto se termine.

Hace 30 años, el Fútbol Chileno comenzaba a abrirles las puertas a grandes figuras del fútbol sudamericano, y en años posteriores llegaban colosos como Leo Rodríguez o Marcelo Espina. Treinta años después, el Leo mete a su hijo a jugar por la U.de Chile, un hijo que no tiene ningún mérito para jugar en un club grande de Chile, mientras que Espina tuvo que salir por la puerta de atrás del Monumental después de una nefasta labor como gerente técnico de Colo-Colo.

Hace 30 años, el Plantel completo de la Universidad de Chille arribaba al Monumental para felicitar a sus rivales colocolinos por haber obtenido la Copa Libertadores, con un gesto de hidalguía y nobleza que enaltecía al club azul como un verdadero grande del Fútbol Chileno. Treinta años más tarde, tenemos dos bandos opuestos, cargados de declaraciones y acciones nefastas de quienes no entienden que el Fútbol es un deporte competitivo y no un campo de batalla.

Hace 30 años, Colo-Colo se coronaba como Campeón de Copa Libertadores de América. Treinta años más tarde, los Albos derrotaban por 1-0 a la Universidad de Concepción, en un partido por no descender a la Primera B…

Hace 30 años yo era un hincha incondicional de Colo-Colo. Cuatro años más tarde, la sangre me tiró y cumplí una promesa, hacerme hincha de Audax Italiano si el cuadro itálico volvía a Primera División, como así aconteció en 1995 cuando los Tanos ascendieron de la mano del León Astengo y de Jorge Aravena. Soy un hombre que cumple sus promesas. Treinta años más tarde sigo siendo hincha incondicional de Audax, y también soy hincha de Fernández Vial, el equipo más popular de la Octava Región. Sin embargo, en estos días reflotó el cariño y el sentimiento por el cuadro albo, sustentado en el recuerdo inmortal del logro más importante del Fútbol Chileno a nivel de clubes.

¡SALUD, ETERNOS CAMPEONES!

 

 BIBLIOGRAFÍA.

– “Caciques”, de Axel Pickett. Editorial Cinco Ases, año 2021.

– “Colo-Colo 1991. La Copa se Mira y se Toca… A 30 años de la Libertadores”. Editorial Trayecto Comunicaciones, año 2021.

– “Hombres de Blanco. La Historia Íntima de Colo-Colo Campeón de América 1991”, de Ignacio Pérez Tuesta. Año 2006.

FUENTES.

www.alairelibre.cl Entrevista a Mirko Jozic: “Estoy muy orgulloso de la Copa del ’91 porque teníamos un grupo muy solidario”. Martes 01 de Junio de 2021.

https://www.youtube.com/watch?v=MLmAxxX2F1I Colo-Colo Campeón Copa Libertadores de América 1991 (Relatos: Vladimiro Mimica).

https://www.youtube.com/watch?v=fQS0JNoatng Programa Tu Historia es Mi Historia (Colo-Colo Campeón 1991). Televisión Nacional de Chile.

https://www.youtube.com/watch?v=kxmfCSngiVM CDF Documental. Programa “Memorabiblia”. El Origen de Colo-Colo 1991.

https://www.youtube.com/watch?v=GQxga4hXtCI CDF Documental. Programa “Memorabiblia”. Colo-Colo: la Revolución de Jozic.

www.dalealbo.cl Documental “Hombres de Blanco”, de Ignacio Pérez Tuesta. Año 2011.

  • Revista Minuto 90. Marzo a Junio de 1991. Biblioteca Nacional.