La opinión del hincha albiverde, por Miguel Hernández (@MHacheS).

Si hay algo de lo que el hincha de Deportes Temuco no quiere hablar, conforme avanza el campeonato y se suceden los triunfos, es de la palabra “ascenso”.

Por supuesto que es el sueño y la intención de todo aquel que viste con orgullo su camiseta blanca y verde por las calles de la ciudad, o lleva en su parabrisas la banderita con el copihue y el volcán dentro de la T de hierro, o escucha por radio, desde donde pueda, cada batalla librada por el Indio Pije.

Sin embargo, la sola idea de empezar a conversar acerca del cambio de categoría despierta en el hincha albiverde una especie de miedo a la mufa, a la desgracia, a alguna especie de maldición que es la que nos tiene sumidos en el sótano del fútbol grande de Chile, y que no queremos tentar por temor a que en la puerta del horno se nos queme el pan.

La historia de este club es tan grande, tan llena de ídolos, de partidos históricos, incluso de jugadas recordadas por todos, pero también tan llena de tragedias dentro y fuera de la cancha, tragedias deportivas y administrativas, tragedias legales, e incluso tragedias de vida, que la sola idea de tener que ahogarnos nuevamente a metros de la playa, es razón más que suficiente para que eso de lo que todos afuera de la Araucanía anticipan para Temuco, acá sea tema tabú.

De todos modos, este plantel -ya lo dijimos anteriormente- ha demostrado que no está hecho para respetar la historia, sino que para escribirla. En base a ese ímpetu y garra puesta en la cancha cada fin de semana, se ha ganado el derecho legítimo a soñar y a poner sobre la mesa el concepto del ascenso.

Ya se dijo al comenzar la segunda rueda del torneo, que Temuco tenía 15 finales de aquí hasta abril, y vaya que nuestros guerreros así lo han asumido y han cumplido.

Punteros en la tabla del apertura, punteros en el clausura y punteros en la general. Si hay alguien que diga que este equipo no merece al menos soñar con el ascenso, se equivoca.

Ya basta de sentirnos menos que nadie, basta de guardar como último antecedente histórico la nefasta campaña de Bonvallet y compañía, basta de mirar con envidia equipos de Primera que no son capaces de meter tres mil personas en un partido.

Ahora que nos miren, que nos disfruten y que nosotros también lo hagamos, asumiendo nuestra calidad de favoritos, sin necesidad de temer un destino lleno de dolor y decepciones , que ya hemos tenido que sufrir en demasía.

Este grupo nos regala domingo a domingo la alegría de ser albiverde. Aprovechémosla y soñemos, que no es mufa soñar con que nuestros guerreros son merecedores de la gloria, esa que a este ritmo, por supuesto que nos puede llevar a ser campeones.

¡VAMOS, TEMUCO!

Foto: Facebook Deportes Temuco.