Producto de un cáncer de pulmón, ha dejado este mundo a los 68 años una de las leyendas del fútbol mundial. Elegante, táctico en su juego, dejó huella en varias generaciones.

El estilo de juego que pregona el Barcelona deleita a todo el mundo en la actualidad. Sin embargo, en los años 70, el DT Rinus Michels tradujo con éxito el «fútbol total» en la selección de Holanda, y allí Johan Cruyff era la gran figura. A nivel de clubes, un total de seis copas de liga y tres Copas de Europa (ahora conocida como Champions League) coronaron una época dorada en el neerlandés, quien continuó su carrera en el cuadro catalán para seguir cosechando éxitos a base de buen fútbol.

También conocido por llevar la camiseta 14 (en ese tiempo la portaban los jugadores suplentes), Cruyff obtuvo tres Balones de Oro en los años 1971, 1972 y 1973. Llegó al Barcelona como un salvador (se pagó el máximo monto de la época para un traspaso) y, de la mano del «Flaco», los catalanes consiguieron la liga 1973/74 después de 14 años. Algo impensado en esta época, más aún considerando que el cuadro blaugrana estaba penúltimo a nivel local.

Más adelante, en los últimos años de su carrera, el «Holandés volador» fichó por el New York Cosmos, Levante UD y Feyenoord, el máximo rival de Ajax. Allí se retiró de forma triunfal: ganó dos títulos locales, además de ser reconocido como el mejor jugador de la Eredivisie con 37 años.

A nivel de selección, Cruyff debutó frente a Hungría en 1966, convirtiendo el 2-2 al último minuto para no irse con las manos vacías. Si bien la «Naranja Mecánica» desplegó un fútbol que era una maravilla y estimulaba los cinco sentidos, no le alcanzó para derrotar a Alemania Federal en la Copa del Mundo de 1974. Sin embargo, Johan Cruyff fue elegido el mejor jugador del torneo.

Se negó a disputar el Mundial de Argentina 1978 debido a violaciones a los derechos humanos en la dictadura que gobernaba al país. Además, temía por un posible secuestro, algo que vivió en carne propia el año anterior, cuando era jugador del FC Barcelona. Un total de 48 partidos y 33 goles es el resumen de Cruyff en su selección nacional.

Como entrenador, llevó a la práctica todo lo que aprendió como jugador y también la experiencia de sus mentores. Como director deportivo del Ajax, se lo considera como responsable de aquella generación que ganó la Champions League en 1995. Figuras como los hermanos De Boer, Clarence Seedorf o Edgar Davids surgieron de ese semillero que Cruyff prestó especial atención.

Los éxitos continuaron en el banquillo, especialmente en Barcelona, donde ganó todo a nivel local entre 1991 y 1994. Sin haber hecho un curso como director técnico de manera formal, a Cruyff se le permitió ejercer porque tenía un don especial. Sus equipos plasmaban la idea que el entrenador tenía en la cabeza y, con eso, llegaron los títulos. Esa misma forma de desplegarse en el terreno de juego fue captada por un joven Josep Guardiola, cuando era jugador del equipo. El Barcelona de mediados de los 2000 hasta hoy es un reflejo de esos equipos de Cruyff, pero con la ayuda de Lionel Messi y una generación dorada de españoles como Andrés Iniesta y Xavi Hernández, se pudo poner en práctica a nivel internacional con un resultado indiscutible.

Sin embargo, como todo ser humano, tenía un defecto: el vicio de fumar tabaco. El cigarrillo casi lo mata en 1991, cuando lo tuvieron que intervenir a corazón abierto por insuficiencia cardíaca. No obstante, el cáncer de pulmón que se le diagnosticó el año pasado terminó por acabar con su vida.

Vendrán varios homenajes en su honor. A Cruyff se lo recordará como uno de los mejores jugadores que ha dado el fútbol a nivel mundial. Posiblemente el más elegante de todos.