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ASCENSO

“Me saco el sombrero” (parte II). El tratamiento sobre el fútbol por parte de medios tradicionales y no tradicionales

Por: Rodrigo Molina.

Durante los años 70’ y 80’ en Chile, donde se vivían momentos de temor e incertidumbre en medio de los avatares de la Dictadura de Augusto Pinochet, la familia se congregaba en torno a una de las escasas instancias de entretención que existían en nuestro país, la televisión. Es fácil de recordar los momentos que nuestros entornos más cercanos se reunían en un living o en un comedor para ver programas tales como Sábados Gigantes o las teleseries de la época, como una forma de evadir la cruda realidad que se estaba viviendo, una diversión sana que nos permitía unirnos y valorizar la importancia de la familia en su status preponderante dentro de la sociedad.

Hoy en día, la televisión chilena ha caído en lo que en el mundo se conoce como “televisión basura”, es decir, un medio que contribuye a la desculturización de la sociedad y al fomento de la ignorancia, la falta de educación, el desdén hacia nuestra base histórica, el desprecio hacia nuestra geografía y la pérdida de valores esenciales en el diario convivir social y familiar. Programas tales como los Realitys, el resurgimiento de la farándula, los matinales que se dedican no solo a promover actores políticos de uno u otro bando que prefieren el brillo de las cámaras antes de trabajar para satisfacer las necesidades de la gente, sino también a contribuir a desvirtuar la realidad a través de la desinformación. Hoy en día, los programas dedicados a fortalecer nuestra base cultural son dejados de lado ya que no favorecen el “rating”, aquel engendro que no ha hecho más de idiotizar a nuestra sociedad a través del entretener por entretener, sin más sustento que una mera medición por números.

El fútbol no escapa a aquella realidad. Los llamados medios grandes o medios oficiales que transmiten sus partidos solo obedecen las directrices de los altos mandos o de sus auspiciadores o patrocinadores, en su amplia mayoría vinculados con el poder económico y con el sistema que impera en nuestro país, y que establecen lo que tienes que opinar, analizar o criticar en base a rígidos límites previamente establecidos.

Un ejemplo de esto último lo podemos apreciar en la cada vez más amplia presencia de ex futbolistas tanto en la transmisión de los partidos como en los programas de conversación sobre fútbol. Salvo contadas excepciones, como Juvenal Olmos, Cristián Basaure o Rodrigo Goldberg, los ex futbolistas podrán analizar de manera aceptable un encuentro, pero no se atreven (o no quieren) criticar a los jugadores y su desempeño en cancha porque, para ellos, aún priman los códigos de camarín o la premisa de que aún son “colegas de profesión”, a lo cual se agrega que, detrás de su presencia frente a las cámaras, están auspiciadores y representantes de futbolistas, cuyos intereses están enfocados en el mercado para promover su imagen y transferirlos a otras competencias internacionales.

Esta idea fue refrendada por el periodista argentino Juan Pablo Varsky, quien en una entrevista en el programa “El Método”, señaló que no siempre se puede hablar de lo que desea porque “el sistema te pone límites”, poniendo dudas en lo que realmente significa el valor auténtico de la libertad de expresión. “Hay temas que no se tocan porque, para que el sistema funcione, a veces hay temas que no se tienen que tocar o no gusta que se toquen esos temas”. Si tomamos en cuenta estas directrices, podemos comprender que los programas deportivos de los medios oficialistas no realicen un análisis en profundidad sobre algunos temas tales como el problema disciplinario de Damián Pizarro y Jordhy Thompson en Colo-Colo, como una especie de autocensura, porque para el sistema no son tópicos agradables.

Sin embargo, la gente se resiste a ese germen de idiotización de la sociedad y se opone a esta cobardía de los grandes medios que transforman u ocultan las actuales realidades del deporte más hermoso del mundo, siendo desagradable para ellos que siempre se traten los mismos temas sin profundidad, como una especie de pincelada con acuarela barata, que no se critique ni a los jugadores ni a los cuerpos técnicos, que ni se piense en mencionar a los dirigentes, y que no se avance más allá de informar sobre los tres grandes del fútbol chileno. ¿Ha visto usted si en programas tales como Todos Somos Técnicos, se analicen los problemas que afectan a la Segunda División, a la Tercera División o al Fútbol Femenino?, y si los tocan, ¿ha contado los segundos que se demoran en hablar sobre ellos?

Cuando el público se aburría de una película o de una obra de teatro, simplemente se paraba de su butaca y abandonaba la sala. En la actualidad está sucediendo lo mismo, pero de otra forma: la gente apaga la televisión y enciende su celular o su computador para ver otras cosas, buscar nuevas opiniones, interiorizarse sobre temas que los medios tradicionales no se atreven a tratar. Y he ahí que la presencia de las diversas plataformas como Facebook, YouTube, Instagram o Twitter (actual X) cobra vital importancia con el surgimiento de programas alternativos que se atreven a ir contra lo que impone el sistema, destapar verdades que se ocultan bajo la alfombra, ir contra la autocensura y actuar con la valentía que incomoda a los poderosos.

Esta nueva realidad, en países como Argentina, adquiere cada vez más preponderancia. Los medios llamados Outsider (fuera del sistema), cada vez son más importantes y crecen en número, encabezados por periodistas que poseen el suficiente coraje para rebelarse contra lo establecido e ir en busca de la veracidad y de la objetividad a través de la crítica, del análisis, de la indagación de información y de la investigación sobre lo que está inmerso dentro y fuera del fútbol, atreviéndose a destapar problemáticas como la realidad de las barras bravas, la corrupción dirigencial o la influencia del poder político sobre los destinos del fútbol. Muchos de estos periodistas, como Flavio Azzaro, Pablo Carrozza, Pablo Ladaga, Muzzu o Gonzalo Cardozo fueron parte de los grandes medios como ESPN o TyC Sports, y fueron despedidos por atreverse a decir la verdad sobre lo que realmente sucede en el fútbol argentino, sufriendo en carne propia la nefasta influencia y poder de los dirigentes, pero, lejos de amilanarse, crearon programas propios para tratar diversos temas sin tapujos ni límites preestablecidos que vayan más allá de estar una hora hablando de Lionel Messi o media hora hablando de Boca y la otra media hora de River. Y no solo se habla de fútbol en aquellos programas, también se tocan otros ámbitos relacionados con la política, la economía y la sociedad, dentro de un ambiente pluralista, pudiendo convivir diversas ideologías y puntos de vista, siempre dentro del ámbito del respeto, algo imposible si lo comparamos con un Chile cada vez más polarizado.

En Chile, este fenómeno aún no se consolida como en allende Los Andes, pero cada vez son más los programas que están tratando temas que son incómodos para la élite que rige al fútbol chileno. Círculo Central (te puede caer bien o no Mauricio Israel) es un programa que se atreve, en un canal no tradicional, a destapar verdades que afectan al fútbol chileno, con la presencia de profesionales como Cristián Arcos, Marco Sotomayor y, antes, Felipe Bianchi, que actúan con la suficiente independencia para poder analizar, con objetividad, estos temas actuando con la suficiente libertad de expresión que pretende ser acallada por el poder imperante. Otros programas como Todo es CanchaAgenda Matinal, aprovechan las virtudes que otorgan las plataformas virtuales para poder tratar de manera veraz y objetiva estos episodios que afectan en forma negativa al fútbol chileno, otorgándole un espacio importante a jugadores, clubes y divisiones yendo más allá de lo diariamente tedioso que es estar hablando sobre los tres grandes y hacer perder el tiempo a la gente frente a una pantalla. Hay personas que también se interesan por conocer el devenir de Cobresal, actual puntero del fútbol chileno, o porqué el fútbol femenino tiene tantos problemas y es considerado un cacho, o porque la Segunda División es una competencia depreciada por la ANFP, o saber más del conflicto ANFA vs Lota Schwager. La gente desea ampliar su conocimiento sobre la realidad del fútbol chileno, lo cual le abre un espacio cada vez más amplio a estos medios no tradicionales, los cuales se están insertando cada vez con más fuerza dentro del ámbito comunicacional.

El mejor ejemplo de cómo utilizar de una manera adecuada las diversas plataformas virtuales para informar sobre el fútbol chileno escapando de las directrices del sistema lo da el periodista Juan Cristóbal Guarello. No solo está trabajando en medios tradicionales como Radio Agricultura, Canal 13 o D Sports, sino también ha abierto nuevos espacios en YouTube, con su programa La Hora de King Kong o su espacio en Spotify A Llorar a la FIFA, donde no solo se dedica a analizar y dar su visión sobre diversos temas relacionados con el devenir actual del fútbol chileno, desde una óptica crítica y objetiva, sino también (algo que parece perdido en los programas deportivos actuales) rescatar el valor histórico del deporte de nuestro país y sus protagonistas.

Entonces, para el público común, está resultando más atrayente este tipo de programas alejados del sistema o de lo políticamente correcto, no solamente porque les resulta más entretenido, sino porque desea ampliar su espectro, su conocimiento, porque está cansado de que se le oculte la verdad y desea saber lo que hay más allá de la cortina, lo que está oculto al otro lado del muro, aquella realidad que se le pretende ocultar a toda costa. Aquel público, como los espectadores de una película sin brillo y mal actuada, están hartos de que se les diga que todo está “moooy bien” en el fútbol chileno, y está hambriento y sediento de escuchar nuevas opiniones, internalizar nuevos puntos de vista, reconocer otras verdades no oficiales a través de espacios comunicacionales que las demás plataformas te ofrecen.

En lo personal, me saco el sombrero por estos nuevos espacios que están surgiendo y asentándose, cada vez con más fuerza, dentro del periodismo deportivo nacional, y desde esta vitrina siempre apoyaré a aquellos medios que, pese a no contar con los recursos económicos suficientes ni con el sostenido apoyo del poder que pretende resguardar a toda costa sus intereses, poseen un mismo objetivo, rescatar al fútbol chileno desde su podredumbre y desde el pantano de problemas y mentiras en que está hundido. A veces, solo basta una cámara, un micrófono o un teclado, lo importante es atreverse. ¡Atrévanse, ustedes pueden! Lo digo sobre todo a las nuevas generaciones de comunicadores y profesionales que están surgiendo.

Aún queda una tercera parte. Felices Fiestas Patrias a todas y todos ustedes.

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