En el día 30 de octubre, Diego Armando Maradona, uno de los deportistas más grandes de todos los tiempos, estaba de cumpleaños. Si hubiese estado vivo, habría cumplido 64 años. Desgraciadamente, hace cuatro años que el gran Diego nos dejó, falleciendo 25 días después de su último festejo, un 25 de noviembre de 2020.

Muchos dicen que Maradona abandonó voluntariamente esta dimensión vital. Cuesta creer que un gran futbolista y un ser humano maravilloso haya muerto como murió, en completa soledad. Solo imagina como fue su último cumpleaños, rodeado de parásitos que estaban junto con él solo para chuparle la última gota de sangre que le quedaba, para apropiarse de aquellos bienes que su escasa estabilidad mental y delicada salud le impedían mantener, controlar y administrar. Esos hombres y mujeres bebían, comían, bailaban y se drogaban alrededor de una persona que estaba sumida en la tristeza y en el aislamiento. A Diego lo aislaron del mundo que amaba, le apartaron a su familia, a sus verdaderos amigos, a sus viejos compañeros de equipo o de selección que tenían que retirarse a sus casas porque le negaban su presencia, argumentando como causa una “internación domiciliaria”.

Por culpa de estos tipos, encabezados por su médico personal y por su psiquiatra, Maradona murió en el más completo abandono, tumbado sobre su cama y con un baño químico al lado, sin brindarle ni los más elementales primeros auxilios y ni siquiera una pizca de preocupación. Cuesta entender que uno de los personajes más idolatrados en la historia de la Argentina, junto con Evita y Gardel, haya muerto en el más completo desamparo. Lo dejaron “dormir” cuando en realidad estaba colapsando por un edema pulmonar secundario a una insuficiencia cardiaca aguda. Hoy en día, la negligencia de estos supuestos profesionales médicos que debían velar por la integridad del más grande de todos los tiene al borde del precipicio, con un juicio ad portas donde son acusados de homicidio culposo con dolo eventual, que prevé penas de cárcel de entre 8 a 25 años.

Muchas y muchos seguidores de Maradona aún tenemos en la retina aquella triste imagen de un Diego tambaleante y ausente, a muy mal traer en lo físico y mental, recibiendo un “homenaje” en la cancha de Gimnasia y Esgrima de La Plata, donde sus organizadores, y menos sus médicos tratantes, no tomaron en cuenta su delicado estado ya que solo tres días antes había sido operado de una hemorragia subdural en el lado izquierdo de su cabeza, posterior a una caída. En aquel instante, gran parte de quienes lo admiramos pensamos en nuestro interior, con gran inquietud, que a Maradona le quedaba poco tiempo en este plano.

Pero a Maradona no solo lo mataron aquellos nefastos oportunistas de la salud. Igualmente, hasta el día de hoy, lo han intentado hacer desaparecer la mano siniestra del poder y del sistema. ¿Cómo?, a través de la llamada “Cultura de la Cancelación”.

La Cancelación es una herramienta que utiliza el sistema a través de sus canales de comunicación, redes sociales y parte del periodismo cómplice de su opereta, con el objetivo de minimizar, depreciar, ningunear y, finalmente, sacar del camino a aquellas y a aquellos que resulten ser incómodos para el modelo imperante, diseñando estrategias para hacer olvidar no solo a futbolistas como Maradona, sino también a políticos, sindicalistas, profesionales, laburantes o cualquier persona que exprese ideas o desarrolle acciones que avancen por un camino distinto a lo establecido. El “barrilete cósmico” no solo incomodó a la FIFA, a Macri y al poder político y económico en Argentina y en el mundo, sino también al actual gobierno de Javier Milei que pretende imponer sus ideas y proyectos a toda costa, con el disfraz de la “libertad” puesto como adorno.

Por todo eso, la maquinaria ha pretendido imponer la figura de Lionel Messi casi a la fuerza (no estoy desconociendo sus grandes virtudes futbolísticas) como el mejor del mundo, incluso superando a Pelé que se coronó campeón mundial en tres oportunidades. Alrededor de Messi hay una verdadera empresa que con sus tentáculos comunicacionales y economicistas ha pretendido imponerlo a él como el ejemplo máximo del deportista argentino, tratando de hacer olvidar todo lo que Maradona entregó por y para la nación argentina.

¿Por qué Maradona resulta ser un personaje incómodo, aún después de muerto? Porque Diego fue la alegría y la esperanza de un pueblo oprimido y despreciado. Porque fue un ser con opinión propia, con pensamiento crítico y cuyas frases reflexivas causaban malestar en los poderosos. Porque fue un luchador incansable no solo por los derechos de los futbolistas, sino también porque visualizaba al deporte como un derecho y no como un bien de consumo o una actividad para pocos. Porque nunca se casó con el sistema ni cambió su ideario de vida por unos pocos pesos o para hacer negocios. Porque si hubiese estado vivo, hubiese estado marchando junto a los jubilados, a los universitarios, a los estudiantes, a los movimientos sociales y a los hombres y mujeres que perdieron sus trabajos y sus beneficios logrados en forma justa, y que hoy sufren grandes penurias en la nación trasandina, con un índice de pobreza cada vez más alarmante.

Porque Maradona es sinónimo de Pueblo…

Ernesto Cherquis Bialo, uno de los mejores periodistas deportivos en el mundo, señaló que Maradona era “la esencia del fútbol”. Coincidiendo plenamente, creo que Diego era “el fútbol hecho persona”. Sentía, respiraba, pensaba fútbol, pero Maradona amaba el deporte per se. Siempre lo vimos presenciando en las graderías y apoyando al rugby, al tenis, al boxeo, al automovilismo y compartiendo con sus grandes figuras. No me cabría duda alguna que hubiese apoyado y acompañado el progreso del fútbol femenino en Argentina. Diego nunca abandonaba a los suyos.

Maradona era un ser auténtico, nunca dudó en manifestar sus ideales y preferencias. “En la vida, o sos blanco o sos negro, nunca amarillo ni gris”, señalaba. Como todo ser humano, también tenía defectos, y reconoció hidalgamente los errores que cometió. Cayó en la droga, pudo haber muerto de una sobredosis en Uruguay, casi pierde a su familia. El mundo, en forma condenatoria, lo acusó y lo señaló con el dedo, casi criminalizándolo, pero él, con la hidalguía de los grandes, dijo en el momento de su despedida: “yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.

Hace casi 2.000 años, el personaje más importante de la historia, Jesucristo, esgrimió: “el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”.

Los que te amamos, nunca te olvidaremos, Diego Armando Maradona.