Por Rodrigo Molina.
Conmoción causó en el entorno futbolístico de nuestro país el retiro del joven volante de Rangers de Talca, Javier Araya. En sus redes sociales, el volante había escrito un mensaje señalando lo siguiente: “Les quería dar una noticia familia rojinegra, estoy combatiendo una depresión, pasándola mal. Les quería comentar que ya no seguiré jugando, espero algún día nos podamos encontrar”
Formado en las inferiores de la tienda piducana, Araya había, poco a poco, construido su camino hacia la titularidad en el cuadro rojinegro, jugando 12 partidos en el Torneo de Ascenso 2024 (3 como titular) y 20 partidos en el Torneo de 2025 (10 como titular). En esta temporada 2026 había actuado en cinco ocasiones, siendo titular en tres de ellas. Volante polifuncional y dúctil por las bandas, Araya incluso tuvo nominaciones a las series menores de nuestro país.
Rangers de Talca reacciónó ante la situación de Javier Araya, y se pronunció en sus redes sociales señalando su preocupación por su estado de salud. “Javier es parte importante de nuestro patrimonio, no solo deportivo, sino que humano… Hemos estado muy cerca de él, apoyándolo en distintas instancias a todo nivel “
La situación de Javier Araya causó alarma, sobre todo al denunciar una situación que es un verdadero flagelo en Chile y que no goza de la debida preocupación como es la depresión. Esta enfermedad es un verdadero cáncer para la salud mental de chilenas y chilenos de toda edad y condición económico social, cada día tiene un aumento considerable de personas que la sufren y, lo peor, no se le brinda el suficiente apoyo emocional, lo cual se ha hecho muy notorio dentro de una sociedad posmoderna caracterizada por el individualismo. Quienes sufren de depresión son marginados, ocultados, silenciados y, lisa y llanamente, empujados a enfrentar en soledad un aciago destino.
Debemos entender que un futbolista es un ser humano integral. No solamente debe primarse sus virtudes técnicas y capacidades físicas, sino también su componente psicológico. Tomando en cuenta lo señalado por el teórico Jacques Maritain, el humanismo integral concibe al ser humano como un todo, es decir, una unidad indivisible entre materia y espíritu, alma racional, mente y cuerpo, con dignidad intrínseca y apertura a la trascendencia, buscando el desarrollo en todas sus faceras, ya sea intelectual, moral, física y espiritual, a la vez de que es un ser social que actúa en bien de su comunidad.
Un futbolista no es una máquina que mueve y ejercita su cuerpo en forma autómata. Su cuerpo obedece al mandato de su mente, y su espíritu va enfocado no solo a satisfacer sus necesidades personales, sino también está enfocado en provocar la satisfacción de todo aquel entorno que lo rodea, entiéndase por hinchas, compañeros de equipo, dirigentes y sus propios familiares. Cuando la parte mental no está enfocada o está literalmente enferma, su cuerpo no va a obedecer los mandatos de su cerebro y su espíritu va a estar quebrantado. Es por todo aquello que un jugador de fútbol no solo va a desmejorar su rendimiento, sino que, además, va a perder su perspectiva de vida, incluso llevándolo a perder las ganas de existir. La mente domina al cuerpo.
Han sido numerosos los casos de futbolistas que han perdido el norte por culpa de la depresión, llegando a atentar contra su vida o cometiendo suicidio. Por todas y por todos es ya sabido el triste caso de Raimundo Tupper, vencido por una depresión de tipo endógeno, a los cuales se suman casos como el del portero Manuel “Loco” Araya, campeón con Colo-Colo y con Palestino, o el de “Pata Pata” Hidalgo, delantero de Audax Italiano. En su tiempo, también se habló de un delantero de Santiago Wanderers, que había cometido suicidio a inicios de 1982 aquejado de una depresión que tuvo su origen a partir de la muerte de su madre un año antes, aunque la versión oficial de los hechos habló de un accidente (ahogamiento) en un río cercano a la cuidad de Angol. Nunca quedó claro su deceso.
En el fútbol femenino, el tema de la depresión es algo muy presente en el devenir de las jugadoras. Ryann Torrero, actual portera de Colo-Colo, padeció de tal mal hace cinco años, mientras jugaba en Santiago Morning, depresión que se acentuó una vez que quedó fuera de la nómina de la Roja Femenina que compitió en los JJ.OO. de Tokio. “Soy una deportista que ha trabajado toda la vida para tener una oportunidad olímpica. Estoy muy triste, tengo frustración. No entiendo bien qué pasó”, señaló Ryann en aquel tiempo. Torrero optó por retirarse temporalmente del fútbol una vez que finalizó un partido ante Deportes La Serena, con victoria bohemia por 3-1. En dicho partido, Torrero tuvo responsabilidad total en el gol serenense, un remate de María Cristina Julio que iba desviado, pero Ryann terminó echándola al fondo de la red. Su cuerpo tomaba malas decisiones, sus reacciones eran erradas, porque comprendió que su salud mental no estaba bien. La mente no dominaba al cuerpo.
El fútbol femenino en Chile es el pariente pobre del balompié profesional, al igual que la Segunda División. Escaso marketing e inadecuada cobertura y difusión hacen que el forofo en general desconozca casi en absoluto cual es su rutina diaria. Una futbolista femenina profesional, pese a que una Ley le garantiza por lo menos un sueldo mínimo mensual, debe desdoblar su vida cotidiana entre la práctica del fútbol y los estudios o un trabajo que le permita sobrevivir mes a mes. La carga que vive a diario una jugadora es muy pesada, sometiéndola a un estrés muy notorio y a la posibilidad de sufrir una depresión que la conduzca a tomar decisiones inadecuadas. Han sido tres los casos de futbolistas profesionales que han cometido suicidio desde que el fútbol femenino forma parte de la ANFP, a lo cual se agregan otros casos en el fútbol femenino amateur que son desconocidos para la opinión pública. De hecho, hace tres años atrás, en solo un mes, dos futbolistas femeninas pusieron fin a sus vidas por mano propia, una de ellas tenía solo 19 años.
¿Cuántos clubes en el fútbol rentado cuentan con profesionales preparados para atender psicológicamente a un (a) deportista? ¿Cuántos cuentan con departamentos especializados en salud mental? ¿Cuántos dirigentes entienden que deben percibir a un (a) futbolista como un ser humano íntegro y no como un robot de entretenimiento? ¿Cuántos hinchas tienen la capacidad de comprender que un jugador o una jugadora son seres susceptibles de sufrir percances en su salud mental que pueden dañar su estabilidad como deportista y arruinar su enfoque?
Hace más de 25 años, en una concentración, el volante de San Lorenzo de Almagro, Mirko Saric, se acercó a la pieza donde descansaba su director técnico, Oscar Ruggeri. Se sentó a los pies de su cama y le esbozó la siguiente frase con voz trémula: “No…, no le encuentro sentido a la vida”. Saric tenía fama, dinero, buena pinta, le llovían las mujeres, calidad técnica exquisita, pero había sufrido una serie de golpes que habían destruido su integridad emocional: No había firmado por el Real Madrid, se había roto los ligamentos cruzados seis meses antes y había tenido un accidente automovilístico con consecuencias legales, pero el peor de todos fue que su novia le había mentido con la paternidad de su hijo, el padre era otro hombre…
Saric, destruida su salud mental, se despidió de sus padres, les pidió perdón, y una vez solo en su pieza, se ahorcó con las sábanas de su cama. En la mañana de un 4 de abril del año 2000, su propia madre descubrió su cuerpo inerte.
Ruggeri no tuvo respuesta para poder ayudar a su jugador a poder palear su trastorno depresivo. Al parecer, nosotros somos igual de incapaces de entender, percibir y dar soluciones a este flagelo 26 años después. No dejemos que otro futbolista opte por tomar una decisión errada por no poseer una estabilidad emocional adecuada, no solo hacia la alta competencia, sino también hacia la vida misma.